Te quiero más que Julieta a Romeo. Más que Isolda a Tristán, más que Melibea a Calisto. Te quiero más que Juana a Felipe el hermoso.
Si no te haces a una idea te lo diré de otra manera. Te quiero más que una mujer a su esposo, más que el crepúsculo a la aurora, mucho más que Eloísa a Abelardo. Más que Adriano a su amante Antinoo, Ceopatra a Marco Antonio le quería un Egipto, yo te quiero cien universos infinitos.
Quizá necesitas más ejemplos. Te quiero tanto, que cuando Bonnie miraba a Clide, cuando Frida miraba a Diego, sus ojos eran una pequeña llama, mi mirada es un incendio en el cálido astro. Rimbaud y Verlaine se escribian poemas ardorosos, yo llevo en mi piel ardiente grabadas las rimas de tus ojos con tus labios. No me canso, te amo aun unos te quieros más.
Más que Aquiles a su primo Patroclo, más que Dante a Beatriz. De hecho, cuando te vi por primera vez, quede aun más atrapada que Narciso con su reflejo, y muero, cuando no puedo tocarte y tu imagen en mis dedos se distorsiona en mis sueños, diez veces cada intento.
Aun diciendolo mil veces mi corazón salta de júbilo con cada una de las sílabas que componen esa frase, necesito pronunciarlo, exclamarlo. Porque algo del amor que siento por ti ha de mezclarse con el viento, que lo lleva rápido y a todas partes. Porque si no lo suelto, un día puede que tan lleno esté de amor mi pecho que no aguante el sentimiento y mi corazón se haga añicos enamorados.
Para terminar… sólo una vez más, no será la última: gracias por respirar, por caminar, gracias por mirar al cielo, comer pomelos, tocarte el pelo… y, bueno, solo eso, que te quiero.
Fuente: Cartas de amor







